El otro contrincante en los procesos de maduración

Distinguir la necesidad del otro contrincante dentro de los procesos de crecimiento personales y comunitarios me parece clave para avanzar y no poner en peligro la radicalidad con la que queremos vivir las cosas.
El otro contrincante no es necesariamente un enemigo en su totalidad y no tiene tampoco asociación directa con una persona. Puede ser una persona, una comunidad, una práctica, una costumbre, una categoría de análisis. Puede ser incluso mi mejor amigo o mi imagen de Dios. No Dios sino la imagen que de él tengo.
Me gusta pensar la idea del otro contrincante en el proceso que vivió Don Bosco, al menos su relación con la marquesa Barolo y su relación con los sacerdotes de Turín mientras él era pequeño. No era malo el sacerdocio sino el hecho de que los sacerdotes no estén con los jóvenes.
Generalmente la costumbre es el peor otro contrincante, porque nos hace naturalizar, sedimentar para considerar como dado aquello que no era ni natural ni dado. El proceso de preguntarse si esa costumbre, esa práctica podría reformularse, vivirse de otra manera, es uno de los procesos más grandes de emancipación. Pero para ese proceso no basta con querer mirar de otro modo. Hace falta mirar otros modos, otras prácticas, y ver cuán y de qué manera éstas están siendo liberadoras para los sujetos. ¡Y rodearse de gente que nos ayude a mirar siempre de otros modos!
Habernos acostumbrado a mirar siempre de un modo, en algunos espacios comunitarios, hizo que por ejemplo se hayan metido en nosotros marcos moralizantes que nos hacen etiquetar las prácticas antes de ver cómo se está dando el interjuego concreto. Para muestra basta pensar en ciertas afirmaciones que se expresan sobre la homosexualidad, sin haber siquiera tenido contacto y constatado cuánto llegan a amarse algunas parejas.
Si las costumbres no son confrontadas, puestas a la luz, por otras prácticas, difícilmente un proceso emancipatorio profundo encuentre lugar.
Reconocer que siempre hay un otro contrincante implica reconocer que en los procesos comunitarios y en el discernimiento personal hay rasgos de mi persona que son antagónicos con los sueños soñados y nublan amaneceres y atardeceres.
Allí, me parece, es donde la identidad narrativa puede poner luz. Si entendemos la vida como una continuidad sujeta a discontinuidades (Cfr. Ricoeur), el proceso narrativo de cómo lo antagónico en los sueños comunitarios se logra explicitar, reconocer, nombrar e identificar, es el paso inicial para distinguir ruta y pisada. Este proceso se relata en términos de “esto no nos ayuda a…”, “esto que tengo/hago/digo nos hace perder el horizonte”, “esto que ocurrió nos problematiza y genera entonces…”
Entendernos así resignifica los caminos de conversión comunitaria, un vertirse hacia el lugar donde se sueña regar, y nos corre de ciertas concepciones de culpa y de pecado entendidas como “lo malo que somos”.
El eje de conversión comunitaria planteado desde un siempre presente otro contrincante está puesto en que somos sujetos abundantes de amor, con siempre más ganas de amar, pero también asentados, acostumbrados a ciertos frenos que limitan la abundancia.

Anuncios

Un comentario en “El otro contrincante en los procesos de maduración

  1. Muchos piensan que la costumbre es la base de la ley. Sin embargo, hay costumbres -sedimento- que atentan gravemente contra la Vida.
    Un diálogo sincero, dejando de lado animosidades -que tanto ofuscan la razón- nos ayuda a buscar, sin concesiones, lo mejor. Una hermosa característica de estos tiempos en amplios sectores de la sociedad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s