Sufre Buenos Aires, superpoblado

Se asoma el colectivo hacia la gran ciudad, caótica de tránsito y poblada de vidas automatizadas que a cada instante miran el reloj para responderse cuánto falta para dejar de serlo.

Los sin-reloj, en cambio, son despertadospor los automatizados que gritan

-¿un taxi señor?

-¡diario!

-¡Hay café, café!

-¡La pulserita mágica que en cualquier local se la lleva por tres pesos, aquí la consigue a tan sólo un peso!

Y duermen nuevamente, cuando las ventas se callan y calla la noche, que junta residuos y desiluciones.

Los residuos derramados o mal recolectados dan un olor y un color especial a la mañnaa bonaerense. Hago una cuadra y entre bolsas de residuos percibo a una muñeca descuartizada. Sufre la vida. Sufren los juguetes. Sufre Buenos Aires, superpoblado.

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