“Seremos pobres, pero somos cordiales”

La noche cordobesa cubierta de nubes y la luna casi ni se dejaba ver. Los censistas miraban al cielo previendo paraguas y agua en los pies.

Un suave viento fresco dio lugar a la salida del sol que no dudó en calentar horas más tarde. Son las 7.13hs y las calles encuentran demasiado silencio para un acostumbrado miércoles. También silenciosas están para ser un feriado. Esta vez ni Wal Mart ni Toyota podrán pasar por alto el feriado, aunque siempre existen vericuetos que nadie controla.

En boca de urna sobre la noche pasada, los censistas comentan en qué soñaron anoche. Practiamente todos coinciden en algún haz de “censo” que se metió en medio del sueño. Quienes no eran rechazados, eran engañados, o se imaginaban estar en una gran mesa donde comían de todo. Otros imaginaban censistas amigos perdidos, y un grupo a la búsqueda por todas las calles de la Argentina.

El buen humor caracteriza la caminata inicial. La incertidumbre sobre cómo serán tratados da vueltas como pájaros sobre la noria. Y el gran grupo que caminaba y contaba lo que soñó de repente comienza a diluirse.

-Estas son mis manzanas.

-Yo tengo que doblar acá.

-¡Que te vaya lindo.

-No comas mucho que no podrás salir a correr hoy.

-Espero que nadie se cuelgue hablando.

-¿Me dejarán pasar?

Con algunos de nosotros la gente fue por demás amable, dándonos enseguida mate, un poco de pan casero, gaseosa y galletas. Los niños corren de un lado al otro, como quieriendo curiosear y no intrometerse a la vez. A la vez ellos son los que más saben sobre el censo… en la escuela la maestra les contó y no los asustó, como asusta la tele, que repitió cientos de veces el “cuidado con los robos”

Todos me hacen pasar y poca bolilla le dan al documento de identidad.

-Adelante. Seremos pobres pero somos cordiales.

Enseguida arman el mate y sacan pan casero del horno de barro.

-Y si te quedás un rato largamos con unos bifes a la cebolla.

Me quedo pensando si me habrían dejado pasar con tanto agrado y simpleza de hermano del andar quienes más tienen… no lo sé… sólo resuena: “Seremos pobres pero somos cordiales”

Todo iba viento en popa hasta que sonó un llamado en la casa. Ella dice que le dijeron “encendé el tele. Viste lo que pasó? Entretanto mi celular vibraba con mensajes entrantes pero ni me asomaba para leerlos.

Acababa de ocurrir el fallecimiento del ex presidente. Enseguida las repercusiones fueron de la más variada talla. Seguramente no estaba en los sueños de la noche anterior de los censistas, como tampoco imaginaban que iba a ser uno de los trend topics de la visita a cada familia. Quienes preocupados por el futuro país, quienes espantósamente contentos, quienes no le deseaban la muerte a nadie y quienes (nunca faltan) terriblemente disparaban en en corazón del pueblo:

-Ojalá que decreten dos días de asueto así comenzamos el finde.

Un poco de alergia me dio esa semimuerte verbal, en ese no se qué de injusticia que tiene el corazón que busca sacar partido del dolor ajeno, como alergia me dio lo que me cuentá Andrés, que había censado casi en la misma zona que yo, pero era más morocho, tenía el pelo más largo, un aro en la oreja derecha y vestía una camiseta de fútbol:

-A mi no, no me dejaron entrar a ninguna. Todos me recibieron en la puerta.

-¿Todos en la puerta?

-Sí, todos. ¿Vos?

Con voz entrecortada respondo

-Todos me hicieron pasar

La discriminación que corre por las venas en el pueblo pinchó tubería y salió.

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